
Ni mucho menos a abrazarte en tus penas más profundas,
para eso tienes a la soledad que te abraza, a tu guitarra que te acompaña.
Somos dueños únicos de un azar indescifrable,
de una brújula descompuesta, mirando hacia dios sabe dónde.
No vengo a decirte que te quiero, sólo vengo a besarme contigo,
a que deslices tus manos sobre las caderas insinuantes de mi cuerpo.
Ya nacimos libres, implacables, y en el camino nos hemos encontrado,
al principio tímidos, pero dejamos atrás los infames pudores para
castigar la moral hacia lo indefinido, ¿quieres una prueba de eso?
Yo no vengo a decirte que te quiero.